¿Quién es Daniel Cueto?
Daniel Cueto es un ingeniero de software boliviano que trabaja entre banca, pagos con stablecoins, protocolos blockchain, educación y comunidades tecnológicas.
Daniel Cueto Torrico es un ingeniero de software boliviano que trabaja en la intersección entre banca, pagos con stablecoins y protocolos blockchain. También construye productos, investiga sistemas descentralizados, enseña y organiza comunidades tecnológicas. La versión corta cabe en una oración. La real tiene más desvíos, hackatones, repositorios reconstruidos y preguntas sin resolver.
Empezó queriendo entender cómo funcionan las cosas
Daniel entró a Ingeniería Informática en la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno en 2020. No tenía un plan para terminar investigando tarifas de validadores o construyendo productos de pagos y criptomonedas. En ese momento quería aprender a programar y entender cómo se construía internet.
Durante la universidad participó dos años como representante en la ICPC. Era una de sus actividades favoritas porque combinaba una de las cosas que más le gustaban: los algoritmos.
También completó una formación técnica en desarrollo web y se graduó como ingeniero informático en 2025, con una calificación final de 95/100. Ese número sirve para el CV.
Enseñar fue otra forma de aprender
Mientras estudiaba, fue auxiliar de docencia durante más de dos años. Preparó clases, laboratorios, guías y videotutoriales para más de 300 estudiantes en Programación I, Lenguajes Formales, Compiladores, Inteligencia Artificial e Informática.
Su materia favorita siempre fue Lenguajes Formales, teoria de la computacion y automatas, era una materia considerada muy pesada y dificil, pero a él le gusta demostrar.
Esa idea reapareció después en cursos de DeFi, capacitaciones sobre blockchain y encuentros comunitarios. Cambiaron los temas, pero no la intención: aprender algo difícil, probarlo y encontrar una manera clara de explicarlo.
Donde un error no puede quedarse en «funciona en local»
Su primera experiencia profesional larga como desarrollador fue en AssureSoft. Construyó una aplicación con React Native y trabajó con un backend de microservicios.
Actualmente trabaja en Banco Ganadero. Trabaja con banca digital, remesas, servicios relacionados con criptoactivos y los sistemas que los sostienen.
También fue el lugar donde dos intereses que antes le parecían separados comenzaron a tocarse: el software financiero tradicional y la infraestructura blockchain. No porque todo deba estar onchain, sino porque decidir qué no debería estarlo es parte del problema.
Su interés por blockchain no empezó con el precio
Su interés por blockchain comenzó por los sistemas distribuidos. Su trabajo académico de 2025 trató sobre algoritmos de consenso: cómo una red llega a un acuerdo cuando no existe una autoridad única y algunos participantes pueden fallar o comportarse mal. Con el tiempo, esa pregunta dejó de ser solamente académica.
Empezó a construir contratos, participar en comunidades y competir en hackatones. Algunos hitos de ese camino fueron:
- 2024: ganó los hackatones de Ethereum Bolivia y Smart City FICCT.
- 2025: ganó Mobil3 en Ciudad de México, completó el Uniswap Hook Incubator de Atrium Academy y construyó RecorrHook, un experimento con Uniswap v4 para corredores de stablecoins.
- Noviembre de 2025: en ETHGlobal Buenos Aires, SAGE Protocol obtuvo el tercer lugar en la categoría de Uniswap Foundation para hooks de activos estables.
- 2026: AvaSettle, una infraestructura experimental para pagos institucionales con stablecoins, quedó entre los cinco mejores proyectos del Avalanche LATAM Institutional Hackathon.
Los premios fueron útiles, pero la parte más valiosa ocurrió después de las presentaciones. Cada proyecto dejaba nuevas preguntas: qué seguía siendo una demo, qué podía sobrevivir fuera del hackathon y qué había construido Daniel porque resolvía un problema real, no solamente porque encajaba en un track.
Parmelia, el proyecto actual principal
Parmelia es el proyecto que mejor representa su forma de construir y también el que más veces ha cambiado de opinión.
Empezó como una wallet sencilla. Después incorporó cuentas inteligentes ERC-4337, passkeys, gas patrocinado, nombres de usuario, enlaces de pago, códigos QR, historial onchain y swaps. Más tarde, construir «otra wallet» dejó de parecerle suficiente y comenzó a pensarla como infraestructura para recibir y programar pagos con stablecoins.
Enviar dinero debería sentirse tan sencillo como mandar un mensaje.
La idea es esconder la complejidad que no ayuda al usuario. Una persona debería poder cobrar con un link, escanear un QR o autorizar una operación con su huella sin estudiar primero frases semilla, RPC, gas y direcciones hexadecimales.
Construirla no fue una línea ascendente. Daniel cambió redes, contratos, backend, interfaz, el nombre de algunas piezas y la estrategia. Hubo un período de varios meses en el que dejó de trabajar en ella porque perdió la motivación. El código seguía allí; las ganas no. Cuando volvió, tuvo que decidir qué partes todavía tenían sentido y cuáles existían porque se había encariñado con su propia solución.
Hoy Parmelia es una Alpha con fondos de testnet. Tiene una experiencia funcional, pero no es un banco, una wallet de producción ni un producto financiero terminado.
Construir lo llevó a investigar
Durante mucho tiempo pensó que la diferencia entre un builder y un investigador estaba bastante clara. Después empezó a encontrar problemas que no se resolvían añadiendo otro endpoint o contrato.
Mientras estudiaba las nuevas Avalanche L1, apareció una pregunta sencilla:
¿Cuánto debería costar validar una Avalanche L1?
El precio no puede ser tan bajo que subsidie indefinidamente el estado persistente de la P-Chain, ni tan alto que expulse a redes pequeñas o incentive conjuntos de validadores demasiado reducidos. Esa pregunta se convirtió en una propuesta de investigación sobre ACP-77, incentivos, descentralización, captura de valor de AVAX y simulación de políticas alternativas.
Algo parecido ocurrió con Uniswap. Primero utilizó el protocolo; después construyó hooks; finalmente comenzó a preguntarse cómo los AMM deberían cobrar por el valor que traders más sofisticados extraen de la liquidez. El patrón se repite: usa un sistema, intenta construir sobre él y termina cuestionando las reglas que lo gobiernan.
Todavía no sabe si la etiqueta correcta es ingeniero, builder o investigador de protocolos. Por ahora prefiere hacer el trabajo y dejar que la descripción alcance a los proyectos después.
Las comunidades
La tecnología ha sido una actividad social para Daniel, incluso cuando gran parte del trabajo ocurre a solas frente a una pantalla.
Como Core Member de Ethereum Bolivia, coorganizó el Buildathon 2025. Lideró una campaña de difusión que atrajo a más de 160 participantes y apoyó la logística y las mentorías. Entre enero y marzo de 2026 también diseñó e impartió un curso comunitario sobre DeFi: AMM, pools de liquidez, stablecoins, préstamos, riesgos y hooks de Uniswap v4.
También ha colaborado con GDG Santa Cruz, Women Techmakers, YAIS, Avalanche Team1 y otras comunidades. En Students For Liberty coordina actividades educativas, un club de lectura llamado Liberty Club y un espacio de conversación a partir del cine llamado Liberty Films. Fue miembro de Universitarios por los ODS durante 2 años y mentor de programación en Nos Gusta La ciencia.
No hace estas cosas porque cada comunidad necesite otra charla con diapositivas. Las hace porque él también avanzó gracias a personas que compartieron una oportunidad, revisaron un proyecto o explicaron un concepto sin tratar de demostrar que eran las más inteligentes de la sala.
Lo que todavía está en construcción
Una biografía profesional suele escribirse como si cada decisión hubiera sido parte de un plan. La de Daniel no lo fue.
Parmelia todavía debe demostrar que puede convertirse en un producto usado por personas reales. La investigación sobre Avalanche todavía debe producir resultados. Su participación en investigación de protocolos está comenzando. La escritura y la creación de contenido también. Daniel ha abandonado ideas, reconstruido proyectos y perseguido oportunidades que no funcionaron.
Pero la dirección se ha vuelto más clara. Está pasando de implementar software que otros diseñan a participar también en las preguntas anteriores al código: qué merece construirse, cómo debería funcionar y qué incentivos harán que el sistema sobreviva cuando la demostración termine.