Yo era una persona de gatos antes de Bodo. Desde que llegó a mi vida hace 5 años, cambiaron las cosas. Él era amable, cariñoso, intenso, celoso y, sobre todo, muy educado y hermoso.

La gente nunca dejó de juzgarlo negativamente, siempre se emitían prejuicios sobre él por su raza: “es malo”, “esos perros son asesinos”, “te va a matar”. Siempre que algún animal o persona se le acercaba, la gente se molestaba y lo miraba con desprecio.

Cuando le decía “Vamos a pasear” era su momento más feliz del día, saltaba de alegría. Nosotros solíamos pasear una hora al día, todos los días, por las noches; él siempre llegaba exhausto y dormía, listo para el siguiente día.

Su verdadero nombre es Bodoque 1 (uno). Llegó a mí con 2 semanas de vida junto a su hermano. En ese entonces, al realizar el registro veterinario, se los registró a ambos como Bodoque 1 y Bodoque 2 para su hermano; no podía criar a 2 perros, por lo que me quedé solo con uno de los 2.

Luego se quedó simplemente como Bodo, y cuando lo regañaba, “Bodoque”.

Bodo sufría de un daño severo en los riñones, médicamente ya estaba condenado. Necesitaba de suero, hidrataciones. En lo último tenía una bránula; él odiaba las vacunas, las agujas, los medicamentos, pero amaba ir al veterinario, porque era un paseo más, una aventura diferente.

Bodo, vamos a pasear

Él me seguía a todos lados: si yo estaba en el escritorio, él estaba a mi lado durmiendo; si yo iba a la cocina, él iba conmigo; cuando yo iba a dormir, él también lo hacía.

Cuando yo iba a salir de casa, él me miraba con ojos de cachorro, pero sabía que debía irme. Al llegar a casa, él me esperaba siempre: me recibía batiendo su cola y saltando de alegría, y así todos los días.

Algunas veces salíamos a pasear junto con su hermano, que cambió de nombre de Bodoque 2 a Rocket. A pesar de ser perros machos, la gente creería que se pelearían, pero al estar juntos actuaban como una manada de 2: corrían, se ensuciaban y, aunque al jugar entre ellos eran muy torpes, ambos disfrutaban el estar juntos.

Bodo jugando boca arriba

Él era muy amable con las personas, pero tenía un odio descontrolado por los gatos: veía un gato y lloraba, pero no por tristeza, sino por ganas de ir a por él.

Mi ilustre mascota

Amaba que le rasquen la espalda, tenía un rascador de color naranja que cada que lo veía se derretía esperando a que lo rasquen. Movía su pata cada vez que lo hacía, seguramente creía que él se rascaba y por eso la movía.

Él odiaba el agua, pero también se divertía. Cada vez que tenía que lavar mi moto era un juego para él; no le gustaba que lo mojaran, pero llegaba el punto en el que lo aceptaba y se ponía a correr por todos lados. También era así a la hora del baño: terminábamos jugando y se ensuciaba de nuevo.

Nunca quise un perro, Bodo llegó sin que yo lo esperara, ni siquiera tenía un nombre asignado; pero me dio alegría por los 5 años que estuvo conmigo.

Daniel abrazando a Bodo

Hoy me hace falta, mi vida se siente muy vacía. Por siempre recordaré que por primera vez tuve un perro: mi mejor recuerdo de la primera parte de mis 20; su nombre era Bodo y lo amaba.