Mi primer encuentro con la comunidad cripto global

La comunidad global, desde lejos

Durante mucho tiempo vi la comunidad cripto global desde lejos. La conocía a través de X, de videos, de artículos y de historias sobre hackathons, hacker houses, Devcon, ETHGlobal y pop-up cities. También la imaginaba a partir de libros como La Máquina Infinita, de Camila Russo, que me hicieron pensar en viajes, ideas locas, proyectos naciendo de madrugada y personas de distintas partes del mundo unidas por un objetivo en común.

Todo eso me parecía emocionante, pero también lejano. Hasta que dejó de serlo.

Lo que encontré no fue solo una serie de eventos, sino una comunidad global mucho más humana, accesible y cercana de lo que imaginaba.


Ciudad de México, Mobil3 y mi primera inmersión

En agosto de 2025 tuve la oportunidad de ir a una hacker house en Ciudad de México para participar en Mobil3. Esa fue mi primera gran inmersión en este tipo de espacios y marcó un antes y un después para mí. Fue una experiencia que por sí sola merece su propio artículo.

Ahí empecé a entender algo importante: la comunidad cripto no solo existe en internet. También vive en casas compartidas, cenas improvisadas, conversaciones largas sobre ideas que todavía no existen y personas que, aunque acaban de conocerse, actúan como si llevaran años construyendo juntas.


Devconnect, ETHGlobal y un mes fuera de mi país

Unos meses después llegó algo todavía más grande. En noviembre de ese mismo año se celebró Devconnect y, por primera vez, uno de esos grandes encuentros ocurría tan cerca de mí, en Latinoamérica. No solo eso: también se llevó a cabo ETHGlobal Buenos Aires, uno de los hackathons más importantes del ecosistema.

Gracias a una hacker house organizada por dev3pack, tuve la oportunidad de pasar casi un mes fuera de mi país, enfocado en prepararme para hackathons, hacer networking, participar en side events y convivir con personas de muchos lugares del mundo.

Foto grupal con parte de la hacker house de dev3pack en Buenos Aires.
Grupo de participantes de dev3pack posando juntos durante una actividad social.

Hasta entonces yo nunca había vivido algo así. Nunca antes había convivido tan de cerca con personas que ni siquiera hablaban mi idioma y, sin embargo, había una conexión inmediata. El intercambio cultural se daba en todo: en las conversaciones, en las bromas, en la forma de trabajar, en los juegos, en la comida y hasta en los momentos cotidianos como cocinar juntos.

Más que una serie de eventos, fue una experiencia humana muy intensa.

Ver Devconnect desde dentro

Después vino Devconnect, y para mí fue algo asombroso. Fui voluntario, así que no solo pude vivir el evento como asistente, sino también desde la organización. Eso me permitió ver otra cara de todo: la logística, la energía, la cantidad de personas movilizadas y el nivel de dedicación que existe detrás de cada detalle.

Credencial de voluntario de Devconnect sostenida en la mano.
Entrada principal de Devconnect en Buenos Aires.
Vista del venue de Devconnect en Buenos Aires.

Hubo además algo muy especial: encontrarme cara a cara con gente que yo admiraba desde X y descubrir que podía hablar con ellos con total naturalidad. Personas que antes parecían lejanas de pronto estaban ahí, conversando como si fueran amigos de toda la vida. Ese choque entre lo digital y lo humano fue una de las cosas más potentes de toda la experiencia.

Daniel Cueto posando junto a Vitalik Buterin.
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ETHGlobal Buenos Aires

Y luego llegó ETHGlobal Buenos Aires.

Cuando me inscribí, honestamente sentía que todavía no estaba a ese nivel. ETHGlobal siempre me había parecido un espacio de altísimo nivel, de esos que uno sigue desde afuera, admirando los proyectos y preguntándose si algún día podrá estar ahí. Yo había participado muchas veces de manera virtual en todos los eventos que podía, así que llegar finalmente a uno en persona ya era importante para mí.

Daniel Cueto en ETHGlobal Buenos Aires con su credencial.

Pero estar ahí fue mucho más que cumplir una meta pendiente.

Después de muchas horas hackeando, trabajando y empujando el proyecto, logré obtener un premio. En ese momento, curiosamente, no sentí la satisfacción que imaginaba. Al principio me sentí decepcionado conmigo mismo, quizá porque uno siempre cree que pudo haber hecho más. Con el tiempo, sin embargo, esa sensación cambió. Hoy, cuando miro hacia atrás, lo que siento es orgullo, orgullo por haber llegado hasta ahí.

Lo más valioso

Pero si soy honesto, lo más valioso no fue solamente el premio.

Lo más valioso fue la gente.

Daniel Cueto junto a una persona que conoció durante la experiencia.
Selfie con amigos bolivianos durante ETHGlobal Buenos Aires.

Las personas de Dev3pack, Solene, Yulia y Mariam muchas otras que conocí en ese camino hicieron que toda esta experiencia tuviera un significado mucho más profundo. Aunque hoy nos separen las distancias, se volvieron personas muy importantes para mí pese a la distancia. Eso es algo que no esperaba con tanta fuerza: descubrir que detrás de los eventos, los proyectos y los nombres conocidos, hay amistades, apoyo y recuerdos que se quedan contigo.


Mirando hacia atrás

Mirando hacia atrás, esto fue más que mi primer encuentro real con la comunidad cripto global. Fue un recordatorio de que la distancia entre mirar desde afuera y pasar a ser parte de ella suele ser mucho más corta de lo que parece. Para builders que venimos de lugares como Bolivia, eso importa. Significa que sí tenemos un lugar en la conversación global y que dar el paso de estar presentes puede cambiarlo todo.